Una carroña (Charles Baudelaire)
Alma mìa, recògete y recuerda el objeto
que hemos visto esta mañana
al volver de una senda, un infame esqueleto
sobre la tierra lozana.
Levantando las piernas como una mujer lùbrica,
ardiente y sudando veneno,
impudoroso abrìa, de una manera cìnica,
su vientre de emanaciones lleno.
Iluminaba el sol aquella podridura
como para cocela a punto
y devolverle el cèntuplo, a la Madre Natura
todo lo que ella animò junto.
Miraba el cielo la carroña gigantesca
abrirse como una flor:
casi te desmayaste sobre la yerba fresca
con el punzante mal olor.
Pululaban las moscas por aquel vientre obeso
y larvas y gusarapos
negro ejèrcito, iban, como un lìquido espeso,
por los vivientes harapos.
Todo aquello tenìa un fluvial movimiento,
o chispeaba y se perdìa;
dijèrase que el cuerpo, gracias a un vago aliento,
multiplicàndose crecìa.
Aquel caos sonaba con extraño rumor,
como el agua por el sendero,
o el grano que, en continuo ritmo, el acechador
vuelve y revuelve con su harnero.
Una forma en la mancha de otra abortaba:
como esbozo lento en cuajar
sobre olvidada tela y que el artista acaba
sin llegarlo a acabar. *
Y detràs de las rocas habìa un can inquieto
que nos miraba contrariado,
esperando el momento de unirse al esqueleto
y atrapar el mordisco empezado...
-¡Pensar que tù seràs igual que esta basura
y que esta horrible infecciòn,
estrella de mis ojos, sol de mi noche obscura,
tù, mi Àngel y mi pasiòn!
¡Si! Tù has de verte asì, ¡oh, reina de las gracias!,
despuès de los ùltimos besos;
cuando iràs, bajo musgos y floraciones lacias,
a madurar entre los huesos.
Pero, entonces, amada, di a la larva dañina
cuando muerda tus pobres restos,
¡que yo guardè la forma y la esencia divina
de tus amores descompuestos!
* De la cacofonìa.
jueves 1 de febrero de 2007
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